
09 de diciembre de 2004
Variaciones genéticas podrían ayudar a vencer la infección del VIH
El investigador del HHMI, Bruce D. Walter revisa los datos de pacientes con enfermeras en una clínica de Sudáfrica.
Un equipo de investigadores que en parte se encuentra en
Sudáfrica ha identificado un conjunto clave de moléculas
del sistema inmune que ayuda a determinar cuán eficientemente
una persona resiste la infección por el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH). El trabajo demuestra que las madres con
un tipo específico de estructura genética pueden tener
una menor propensión a transmitir el VIH a su descendencia.
El descubrimiento tiene implicaciones importantes para el desarrollo
de vacunas para combatir la epidemia de SIDA, según dice Bruce
D. Walker, investigador del Instituto Médico Howard Hughes.
Walker es uno de los líderes del proyecto y es profesor de
medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y director del Centro de
Investigación de SIDA Partners del Hospital General de
Massachusetts.

“El instituto abrió sus puertas en julio de 2003 y en diciembre de 2004 se publicó un artículo en Nature con un primer autor que es sudafricano y que no hacía investigación cuando llegamos debido a la falta de oportunidades”.
Bruce D. Walker
La investigación también ofrece una perspectiva
interesante sobre la evolución simultánea de un
patógeno y de su huésped humano. “Esto es lo
más cerca que hemos estado de poder observar cómo un
patógeno afecta la evolución de la población
humana”, dijo Walker.
Los otros líderes del proyecto fueron Philip Goulder,
profesor asistente de medicina del Centro de investigación del
SIDA Partners, y Hoosen (Jerry) Coovadia, profesor de
investigación de VIH/SIDA en la Facultad de Medicina Nelson R.
Mandela de la Universidad de KwaZulu-Natal. Un artículo que
describe su trabajo fue publicado en el número del 9 de
diciembre de 2004, de la revista Nature.
Los investigadores que estudian el SIDA se han preguntado por mucho
tiempo por qué las personas tienen distintas respuestas a la
infección por el VIH. “En algunas personas la enfermedad
progresa rápidamente en uno o dos años, mientras que
otros todavía se encuentran bien después de 20
años”, dijo Walker. “La gama de resultados es
variable”.
Para estudiar el interrogante, Walker y sus colegas se centraron en
las moléculas del antígeno leucocitario humano (HLA, por
sus siglas en inglés) de clase I que se encuentra en la
mayoría de las células del cuerpo. Cuando una
célula se infecta con un virus, las moléculas HLA toman
pedazos de las proteínas hechas por el virus y exhiben
fragmentos de las mismas en la superficie celular. Otras células
del sistema inmune reconocen a las proteínas extrañas
presentadas por las moléculas HLA y eliminan a la célula
infectada, conteniendo de tal modo la infección.
El equipo de investigación encontró que la respuesta
de un individuo a la infección por el VIH depende mucho de las
variedades -o alelos- de los genes que codifican para las
moléculas de HLA que tiene la persona. Pero no todas las
categorías de genes HLA son igualmente importantes. Los alelos
de HLA de clase I se dividen en tres categorías -HLA-A, HLA-B y
HLA-C-. Los alelos específicos de HLA-B generan
inmunorrespuestas mucho más fuertes que otros alelos de HLA. Por
ejemplo, en un estudio de 706 individuos infectados en Sudáfrica
que todavía no habían comenzado el tratamiento, se vio
que el tipo de alelos HLA-B que tiene una persona afecta la cantidad de
virus en sangre, el número de las células CD4 que tiene
una persona (una medida común del bienestar del sistema inmune)
y la reacción inmune contra las proteínas hechas por el
VIH. En cambio, se vio que distintos alelos de los genes de HLA-A y de
HLA-C no tenían ningún efecto en la respuesta inmune.
“Los alelos B hacen la mayor parte del trabajo”, dijo
Walker. Quienes desarrollan vacunas, por lo tanto, deben prestarle
mucha atención a las respuestas generadas por los alelos HLA-B,
“dado que ésos parecen ser los alelos más
importantes que influyen en la carga viral”.
La participación de los alelos HLA-B fue particularmente
interesante para los investigadores, puesto que los alelos HLA-B son
mucho más diversos que los alelos HLA-A o HLA-C en las
poblaciones humanas. Los inmunólogos han especulado
frecuentemente que la mayor diversidad de los alelos HLA-B indica que
han sido importantes durante la historia humana para el rechazo de
ataques de otros patógenos. Por ejemplo, fuerzas evolutivas
podrían haber promovido la diversificación de los alelos
HLA-B de modo que las poblaciones humanas presentaran una defensa
multifacética contra las infecciones.
En el artículo de Nature, Walker y sus colegas
señalan que la influencia evolutiva de la epidemia del VIH en
los alelos HLA-B ya se puede observar en los descendientes de madres
infectadas con VIH. Las madres con alelos protectores pasan la
infección del VIH a sus niños menos a menudo que las
madres con alelos que son menos eficientes para detener la
progresión de la enfermedad. Como consecuencia, se
esperaría que la frecuencia de los alelos protectores creciera
en la población.
Los investigadores realizaron gran parte de su trabajo en el nuevo
Instituto de Investigación Médica Doris Duke, en Durban,
que es la ciudad más grande de la provincia KwaZulu-Natal de
Sudáfrica. La provincia está en el epicentro de la
epidemia del VIH en el África subsahariana. En la provincia
KwaZulu-Natal, un tercio de las mujeres embarazadas están
infectadas con el VIH y en Durban, la prevalencia entre las mujeres
embarazadas excede el 50 por ciento.
El investigar al SIDA en Sudáfrica “es una de las cosas
con las que estamos más entusiasmados”, dijo Walker.
Basándose en experiencias anteriores de investigación
realizadas en el país, Walker y varios colegas asociados a la
Facultad de Medicina de Harvard y al Hospital General de Massachusetts
sabían que Sudáfrica tenía científicos muy
talentosos. Pero también estaban conscientes de que esos
investigadores generalmente no tenían la ayuda financiera para
perfeccionarse profesionalmente.
“Decidimos imponernos metas altas”, dijo Walker.
“Decimos construir el mejor instituto de investigación
biomédica del mundo y ponerlo justo en el centro de la peor
epidemia de VIH del mundo, porque sabíamos que eso
facilitaría la realización de la ciencia que se
necesitaba para comprender la razón por la que la epidemia es
tan mala allí, así como el desarrollo de
vacunas”.
El financiamiento de la Fundación Caritativa Doris Duke a
través del Hospital General de Massachusetts permitió la
construcción del instituto en la Facultad de Medicina Nelson R.
Mandela de la Universidad de KwaZulu-Natal. “El instituto
abrió sus puertas en julio de 2003 y en diciembre de 2004 se
publicó un artículo en Nature con un primer autor
que es sudafricano y que no hacía investigación cuando
llegamos debido a la falta de oportunidades”, dijo Walker.
Photini Kiepiela, el primer autor del artículo e investigador
del instituto, concuerda en que el establecimiento del instituto fue
crítico en la generación de los nuevos resultados.
“El propósito de hacer este trabajo aquí es formar
a científicos sudafricanos locales. [Y] si no hubiera sido por
este instituto, no habría sido posible hacer este trabajo
aquí”.
Foto: Cortesía de Bruce D. Walker
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